No sé cómo se puede vivir sin la risa, me alejo de quien entiendo que no tiene ningún sentido del humor; es decir, del que no es capaz de reírse de sí mismo, sus fallos, caídas, meteduras de pata. Recuerdo exactamente cuándo fue la última vez que me reí hasta el punto de que me doliera la tripa. Fue hace un mes, en una comida con amigos, éramos cinco en la mesa y hubo un momento en el que me corrían las lágrimas y no podía parar. Y que pensé: ¡Joder, qué bien!

La carcajada te libera. De tensiones, de preocupaciones, de angustias cotidianas. Y conozco a muy poca gente, tan poca que me sobran los dedos de una mano, que no tenga una vida en la que si no te ronda una nube negra en la cabeza, se avecine otra. De ahí la importancia de saber y buscar, de tener la intención al menos de rodearte de gente que, al menos, y pase lo que pase, sea capaz de sacarte una sonrisa. Como filosofía es estupenda y, al parecer, vivo en el país idóneo para echarse unas buenas risas. El surrealismo siempre da mucho juego. 

Porque, a ver: el fiscal general del Estado José Manuel Maza compareció ayer ante los medios sin admitir preguntas -no vaya a ser que se le cuestione algo que no le fuera bien- para explicar que el comportamiento del fiscal jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, al que le han pillao con el carrito del pescao con una sociedad radicada en un paraíso fiscal, era impecable. Y que había intentado y todo convencerle de que se quedara en su puesto, pero que Moix muy dignamente había elegido dimitir “por razones personales”. Hay que reírse. 

Ayer leí también la noticia de que Eduardo Larraz Riesgo, ex alto cargo de la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre y ex jefe de gabinete de la diputada Celia Villalobos, escondía 146 lingotes de oro en Suiza, valorados en casi dos millones de euros. Ya no es pasta, sino lingotes de oro, como en los dibujos animados del tío Gilito del pato Donald. Hay que reírse.

Mariano Rajoy es una mina. Y esta afirmación es incontestable ya seas del PP, del PSOE o del partido animalista. Desde equivocarse en la votación de los presupuestos hasta soltar ayer, en medio de todo el lío sobre Moix que él está en asuntos más sesudos: “Hay que hacer las cosas a lo grande, fijarse en lo importante, tomar las decisiones que haya que tomar y no ocuparse por los chismes”. Hay que reírse.

El presidente del gobierno también se mostró el pasado domingo, después de que tres mujeres fueran asesinadas por la violencia machista, conmovido. Y que se unía a la condena de la sociedad. Él, que ha recortado en los presupuestos para luchar contra la violencia de género y lo que ello supone en los juzgados que no dan a basto y las mujeres que están siendo ‘cazadas’, literalmente. Con toda su jeta. Hay que reírse. 

Soraya Sáenz de Santamaría compareció el lunes en rueda de prensa y soltó: “Puigdemont (ella dice Pusdemón) quiere hacer un referéndum en lugar de hablar con la sociedad catalana”. Y la frase la retuiteó la cuenta oficial del PP (cambiando la “sociedad” por  “escuchar a los catalanes”), dándola por buena y no como una contradicción. Emplazó a ‘Pusdemón’ a ir al Congreso, le dio la dirección y todo. Pero no sé para qué, porque dejó claro que del referéndum ‘res de res’. Mientras, Puigdemont, sólo quiere hablar de eso e incluso preguntó directamente a Rajoy si está “dispuesto a usar la fuerza”. Que en cuanto oigo eso me imagino a tanques entrando por la Diagonal (pagando los peajes, ojo). Mucho más allá tampoco iban a poder ir, porque las hordas de turistas les pararían para hacerse selfies. Si es que prefiero reírme, de verdad. Hay que reírse.

Mi patria son mi familia y mis amigos. Y doy gracias todos los días a que me sirvan ni que sea una pequeña sonrisa en bandeja. Sólo hay que cogerla, estar dispuesta a hacerlo. Porque la sensación diaria de incredulidad, de derrota, de sociedad enferma y podrida, de un mundo cada vez más inhóspito, acrítico y del ‘sálvese quien pueda’ es tan triste, tan deprimente, que necesito reír. ¿Que no tiene ni puñetera gracia? Depende. Últimamente todo es de chiste. Así que, a poco que pueda, voy a reírme. Porque hay que reírse.

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