¿Y tú? ¿Serías capaz de poner tu vida en peligro para salvar la de otro? Los padres se tirarían a una vía para quitar de en medio a sus hijos, casi todos estamos seguros que protegeríamos de cualquier manera posible a los nuestros. Pero ¿y si se trata de un desconocido? ¿Tú qué harías? Ignacio Echeverría no dudó. 

Ignacio Echeverría estaba el sábado en la zona de Borough Market. Había estado patinando con sus amigos cuando vio como un hombre atacaba con un cuchillo a una mujer. Era uno de los tres terroristas que unos minutos antes habían atropellado con una furgoneta a una multitud en Puente de Londres. Él se detuvo, se bajó de la bicicleta y se interpuso entre el agresor y la víctima. “Se tiró de la bicicleta y golpeó al agresor con el monopatín mientras otros dos hombres le agredían por detrás y se quedó tendido en el suelo”, relató uno de sus amigos. Desde el sábado su familia lo había estado buscando. Es fácil imaginar su angustia y el desesperado deseo de agarrarse a un hilo de esperanza para pensar que aún podía seguir vivo pese a que los días transcurrían sin noticias. Los expertos entrevistados por los medios mostraban su sorpresa por la ausencia de confirmación oficial por parte del gobierno británico, el foco se desvió hacia la mala gestión y la falta de una respuesta firme por parte del gobierno español para que exigiera noticias. La familia, mientras, prefirió callar. Y no es de extrañar, porque el pasado lunes, dos días después de los atentados, el padre, Joaquín Echeverría, colgó el teléfono en mitad de una entrevista en directo en una cadena de televisión.

Sucedió en ‘Las mañanas de Cuatro’ y las preguntas fueron tales como: “Y qué creen ustedes que ha pasado? ¿Que su hijo está en coma?”, mientras el señor Echeverría contestaba que no pensaba hacer conjeturas.  “¿En ningún momento antes de que esto ocurriera...? ¿Su hijo estaba bien, estaba contento, feliz…? insistió el entrevistador. Y ahí fue cuando el padre dijo basta: ”Vamos a ver: yo creo que no estoy entendiendo esta entrevista. Voy a colgar porque me está preguntando tonterías”. Y colgó. 

Ayer, después de que se confirmara la muerte de Ignacio Echeverría, dos de sus hermanos hablaron ante los medios de comunicación. Y la lección de dignidad, serenidad y categoría contrastó aún más con el sensacionalismo, la falta de tacto y el ansia por rapiñar audiencias y puñeteros clics de muchos medios: “Queríamos hablar sólo un minuto para expresar nuestro profundísimo agradecimiento a los amigos de Ignacio, Xavi, Guille, a nuestra familia y el pueblo de Las Rozas. También estamos eternamente agradecidos con el Ministerio del Interior de España y de Asuntos Exteriores, con la embajada y todo su personal que nos han dado un trato terriblemente humano, con los oficiales ingleses que están haciendo desde un punto de vista personal todo lo posible por ayudarnos y para que podamos reunirnos lo antes posible, especialmente mi madre, con el cuerpo de mi hermano. Algo muy triste y terriblemente duro se está convirtiendo en algo más bonito y grandioso que nos hace querer y apreciar más a nuestro hermano, nuestra familia y nuestro país”. Ante las preguntas de los medios afirmaron: “Os pediríamos por favor que no vinierais al hospital… Es que va a venir nuestra madre”. 

Ojalá los medios respeten sus deseos. Todos. Ni aporta, ni informa, ni añade nada ver a una madre rota de dolor acudir al hospital para reconocer el cuerpo sin vida de su hijo. Y lo ha pedido expresamente la familia con una exquisita educación y demostrando que incluso en un momento tan terrible no tienen ningún reproche, solo palabras de agradecimiento y un tremendo orgullo por su hermano, que fue capaz de entregar su propia vida para socorrer a una desconocida.

El ejemplo de Ignacio Echeverría y de su familia no debería ser en balde. De la valentía y dignidad hay que aprender, además de aplaudir. 

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