Ayer cumplí con mi deber de hacer la declaración de la Renta, como todos los años. No entraré en detalles, pero en este país ser autónomo es una ruina. Justo en ese momento, el Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro aseguraba en el Congreso que la amnistía fiscal que anuló el Tribunal Constitucional no había sido un error y que, por supuesto, de dimitir nada. Él está muy satisfecho con el trabajo que realiza y su jefe, Mariano Rajoy, también.

Nos hemos acostumbrado a noticias, hechos absolutamente escandalosos sin inmutarnos. Un par de tuits como mucho expresando la indignación y a otra cosa mariposa. Como si no pudiéramos hacer nada más. La sensación de indefensión aumenta y nos miramos los unos a los otros mientras encogemos los hombros: ¿Y qué le vamos a hacer?

Hay 60.613 millones de euros que el Banco de España da por perdidos del rescate a los bancos. Esos millones que nos aseguraron que no nos iban a costar nada a nosotros, los ciudadanos. ¿Se acuerdan? Pues era mentira. Y mientras la mayoría nos hemos empobrecido, con recortes de salarios y contratos temporales, se rescataron bancos y no personas que iban cayendo por las ranuras de la crisis económica y la precariedad. No se han perdido 60.613 millones de euros, los han tirado, que no es lo mismo, pero ¿qué le vamos a hacer?

El pasado lunes era el Día Mundial del Refugiado y con tal motivo Filippo Grande de la Agencia de la ONU, ACNUR, reveló unas cifras brutales.  Los conflictos, la violencia o las persecuciones han dejado 65,6 millones de desplazados en todo el mundo a finales de 2016. Es “la cifra más alta desde que tenemos registros” aseguró. La Unión Europea no ha acogido aún al 80% de los refugiados que se comprometió hace dos años, después de una de esas cumbres pomposas que celebran nuestros dirigentes. Pues el miércoles se supo que el Premio Princesa de Asturias a la Concordia era para la Unión Europea por difundir valores como la solidaridad y los derechos humanos, que es justo lo contrario a lo que están de verdad haciendo. Se cierran fronteras, se mete a personas en campos con condiciones terribles y se les deja ahí, en el limbo. El Mediterráneo se ha convertido en una fosa mortal y los únicos que están  ayudando a salvar vidas son las ONG, como Proactiva Open Arms, por ejemplo, que ayer desde su cuenta de twitter calificaba el premio certeramente como una “obscenidad”. Ellos saben bien de lo que hablan. Cada día rescatan barcos de juguete a la deriva o son testigos de los naufragios y ven los cuerpos sin vida flotando. Premio a la Concordia. Y todos, esos gobernantes que han mirado hacia otro lado, que han sido incapaces de encontrar una salida, de ofrecer ayuda, de tratar con la mínima humanidad como es su obligación a miles de personas desesperadas, se felicitan por el galardón, tan contentos. Y asistimos a la obscenidad mientras seguimos preguntándonos: ¿Y qué le vamos a hacer?

Un día de estos tendremos que dejar de resignarnos y, por fin, hacer algo. 

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