La Cámara de los Comunes, anclada en sus ancestrales tradiciones y costumbres (hasta hace nada el speaker lucía peluca y los representantes, un sombrero de copa para según qué intervenciones), ha modificado el dress code para que ya no sea obligatorio vestir corbata. El detonante de la decisión es que Jared O’Mara, el legislador que el 8-J derrotó al ex viceprimer ministro Nick Clegg en la circunscripción de Sheffield Hallam, padece parálisis cerebral, enfermedad que le impide llevar nada atado al cuello.

Sin embargo, no todo el mundo se ha tomado bien la nueva relajación estilística. "¿Qué será lo próximo? ¿Hombres con chancletas y pantalones cortos?", escribió el periodista de The Telegraph, Christopher Hope. El debate y la polémica que suscita el uso o no de la corbata hace años que colea en la escena política. La amenaza que se advierte en el descorbatado es que ha conseguido liberarse de la soga o cuerda que lo reprimía y convertía en un ser sumiso a las reglas establecidas (indumentarias, sociales, económicas, morales...).

El hombre que no se ata el nudo es, por lo tanto, un peligro. Por eso, en 2015  Matteo Renzi le hizo entrega a Alexis Txipras de una, aludiendo implícitamente a la ausencia de este accesorio en el atuendo habitual del primer ministro griego. El líder de Syriza aceptó la manzana envenenada de su homólogo pero le advirtió que no se la pondría hasta que Grecia no se recuperara de la crisis económica. Décadas antes, ya Andreas G. Papandreu generó un gran revuelo la primera vez que acudió al parlamento heleno con un jersey de cuello alto bajo su traje. Misma estrategia indumentaria le sirvió a Guti, secretario general del PSUC, para no ofender en exceso a un yihadista de la corbata como era el president Tarradellas. Porque antes que la CUP en el parlament catalán o Podemos en el congreso español (aunque Pablo Iglesias se la coloque cuando le conviene porque, según él, la prenda sugiere "respeto"), el conseller en cap Josep Bargalló (ERC) y el ministro de industria Miguel Sebastián (PSOE) ya se habían atrevido con el cuello desnudo. 

La calidez del clima ha hecho que los países mediterráneos y latinos hayan sido pioneros en librarse de ella. "La corbata es un trapo miserable que se transformó en coquetería masculina, y andamos ahí con esa servilleta bien incómoda, con el calor", solía decir Pepe Mujica cuando le preguntaban por el complemento por excelencia de la coquetería masculina. Si Fidel Castro, Hugo Chávez o Rafael Correa no le hicieron ascos a una para enfrentarse a sus encuentros diplomáticos internacionales, Evo Morales mandó diseñar una camisa y traje que le permitiera prescindir del nudo incluso en las ocasiones más formales.

Sea uno defensor o detractor de la corbata, hay que entender que esta, como ningún otro trozo de tela, no concede mágicamente elegancia y solemnidad a todo aquel que la porte. Sencillamente porque primero hay que aprender a usarla. Ya lo advirtió Oscar Wilde: "Una corbata bien anudada es el primer paso serio en la vida". 

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