Juana Rivas está en paradero desconocido. Se ha fugado con sus hijos de 11 y 3 años. Juana está escondida para no tener que cumplir con la resolución judicial que la obliga a entregar a los menores a su padre, que fue condenado por maltrato. Juana Rivas está en mi casa es el lema que ha surgido después de que muchas, y también muchos, hayan entendido que lo que ella ha hecho, huir, sería lo mismo que haríamos nosotros. Pero Juana no debería estar huyendo, ni en casa de nadie, sino en la suya, con sus hijos.

No debería explicarse que un maltratador no puede ser un buen padre de ninguna de las maneras. Pero así estamos todavía. Un hombre que usa la violencia física o verbal es un bestia. Y un bestia no es un buen padre. Los bestias además suelen creer que las mujeres son de su propiedad, igual que los hijos, así que no son pocas las ocasiones en las que utilizan a los niños para seguir ejerciendo el terror contra las madres y les asesinan porque les quieren dar donde más les duele. Esa es la frase que usan, una y otra vez. Desde el 2013 son 27 los menores asesinados por sus padres. ¿Cuántos más hacen falta? ¿Cuántos más deben morir para que los jueces no les dejen verlos, ni pasar los fines de semana con ellos, ni las vacaciones. ¿Cuántos?

Los matan a tiros, con una sierra radial, los lanzan por la ventana en un hospital, los queman, los asfixian. Los casos son espantosos y no dejan de suceder, pero continúan las sentencias en las que prevalece el derecho del padre, aunque esté condenado por maltratos, de ver a sus hijos. España ha sido hasta condenada por la ONU por este atropello. Lo contamos aquí hace casi tres años y desde entonces Ángela González sigue igual. Ángela había denunciado más de 30 veces a su ex marido por denuncias y agresiones, pero a pesar de todo le entregaron a su hija Andrea de siete años y la mató a tiros. La ONU condenó a España por no proteger a Ángela ni a su hija, pero ni acataron la resolución de la ONU, ni la indemnizaron ni a estas alturas nadie le ha pedido ni siquiera una disculpa o reconocido que se equivocaron. Ángela González sigue luchando en los tribunales para que ninguna madre tenga que sufrir lo mismo que ella, lo mismo que está padeciendo Juana Rivas, a la que imagino aterrada pensando que tarde o temprano darán con ella y sus dos hijos. Y entonces ¿qué?

No hace falta tener una empatía especialmente desarrollada para imaginar cómo debe sentirse alguien a la que han sometido y vejado, que sabe de lo que es capaz su ex pareja y que aún así debe entregarle a la criatura porque así lo dicta un juez, el miedo atroz que debe sentir a que dañe a los hijos para así castigarla y darle donde más le duele. Me parece estupenda la ola de solidaridad. Y si Juana Rivas quiere esconderse en mi casa con sus dos hijos se la ofrezco, porque eso es lo que ella necesita ahora de manera urgente: ayuda. Pero a la larga, todas las Juanas y las Ángelas lo que de verdad necesitan es justicia. Y si un hombre es un maltratador y está condenado por ello no es un buen padre, no puede serlo, es incapaz de serlo y no hay muchas más vueltas que darle. Porque ya no se trata solo de proteger a las mujeres, sino también a los niños que sufren la violencia machista. ¿Les parecen pocos 27? Y la cifra es solo desde el 2013 cuando se empezaron a contabilizar desde el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

La violencia machista no admite matices, ni peros, ni nada. Si es un maltratador no debería tener derechos como padre. NIngún juez me va a convencer de lo contrario. Juana Rivas tiene casa y debería poder vivir en paz en ella.

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