Las imágenes son más poderosas e impactantes que las palabras. Una de las razones es porque, a diferencia del habla, el lenguaje visual es universal (quitando las diferentes variaciones interpretativas culturales que puedan darse en algunos casos) y, por lo tanto, no requiere necesariamente traducción (el mensaje, veraz o no, es absolutamente directo/llano).

Históricamente, la estética siempre, sin interrupción ni excepción, se ha utilizado como una de las mayores armas bélicas. Los uniformes (armaduras) y las banderas (motivo de conflicto, motivación de lucha) también conforman la teatralización del combate (localización, escenificación, jerarquía y sincronización gestual). A ningún gran estratega militar se le escapó que para ganar la guerra (seas  Alejandro Magno, Julio César o Napoleón), antes precisas lograr una victoria visual (moral). Incluso aunque sólo sea imaginativa, como la que se le atribuye al Timbaler del Bruc.

La primera derrota militar de Adolf Hitler durante la II Guerra Mundial fue la victoria escénica de Winston Churchill (y no sólo por su sonrisa, puro, sombrero, bastón y gesto “V”). Con su táctica de la guerra relámpago, el führer pretendía que el caos provocado desanimara a los ingleses y a su líder, pero afortunadamente se produjo justamente el efecto contrario: a pesar de la tormenta de fuego que caía sobre las principales ciudades británicas, de las escenas apocalípticas que vivían los habitantes y de las decenas de miles de muertos, los ingleses resistieron y tras cada ataque salieron a la calle como si "nada" hubiera pasado. La actitud tomada por el gobierno y la población civil -condensada bajo el lema London can take it- la recordó recientemente la modelo Cara Delevingne en Instagram después del doble atentado de Londres el pasado mes de junio a través de una fotografía en la que se veía a un hombre inglés cargado con botellas de leche yendo a su trabajo como de costumbre y caminando por encima de la ruinas del bombardeo nazi: “Querido ISIS (...) déjame mostrarte algo. Si Hitler no pudo detener a los ingleses de conseguir leche para que la tomaran con sus cereales, ¡a vosotros se os ha jodido toda esperanza! P.D. Nosotros también acabaremos con vosotros”.

En parte, EEUU no venció en Vietnam por el impacto negativo (agresividad desmedida e injustificada) que tuvieron entre la sociedad americana y europea fotos icónicas como la de Nick Ut, en la que se ve a una niña de nueve años corriendo desnuda y aterrorizada por una carretera tras un ataque con napalm. La crueldad de las imágenes del conflicto reforzaron la condena moral internacional.

Desde el 11-S, los terroristas apuestan por una escenografía de violencia pavorosa que secuestra nuestra mente y hace que nos sintamos como si retrocediéramos a la barbarie de la edad media. En consecuencia, los estados suelen sentirse obligados a reaccionar frente a tal escenificación macabra orquestando exhibiciones de fuerza formidables como la persecución de poblaciones enteras o la invasión de países extranjeros. Por su parte, algunos medios de comunicación también ceden a la provocación visual y en sus crónicas se prestan al sensacionalismo sin entender que esa excesiva dramatización de la información lo único que consigue es deshonrar y ofender a las víctimas y desmoralizar a toda la tropa (sociedad).

Por suerte, la entereza, serenidad, templanza y responsabilidad social de diarios como el Ara (para la portada prescindió de cualquier fotografía, dando a entender que si no hay palabras para describir el horror tampoco hay una imagen) o pública como la del major dels Mossos (claro y explícito, pero totalmente sosegado) han hecho que, pese al enorme dolor, nos sintiéramos algo reconfortados. Y es que antes de escoger un mensaje visual o un discurso verbal para retratar el terror que pretenden inculcarnos unos desalmados, deberíamos emplear cierta asertividad.

En mi opinión, el mayor bolardo (defensa) que ha construido esta ciudad (sus habitantes) lo recoge cualquier imagen tomada al día siguiente del atentado en el momento en que un grupo de vecinos arrinconaron a unos fascistas que aprovecharon lo sucedido para manifestar su islamofobia. Porque pese al duro golpe, Barcelona seguirá siendo libre, abierta y cosmopolita. No es que no tengamos miedo (#notincpor), es que no podemos permitirnos tener miedo (#notenimpor). Sencillamente porque Barcelona debe seguir siendo Bar-cel-ona. Este es hoy nuestro mayor triunfo estético y moral. Visca Barcelona!

Nota: Por proximidad geográfica, respeto a las víctimas y a mi adorada ciudad he decidido no hacer ninguna cobertura de las reacciones institucionales y políticas acontecidas tras el 17-A, espero que podáis entenderlo. Sólo aclarar que la sonrisa de Ada Colau que algunos cretinos llevan días queriendo hacer pasar como una muestra de alegría o despreocupación por parte de la alcaldesa, es una sonrisa de agradecimiento (emoción contenida para no echarse a llorar) a las personas que la estaban alentando mientras se realizaba la ofrenda floral al lugar del atentado por parte de las autoridades. Antes de dar por válido el análisis del lenguaje corporal de la captura de un momento tan delicado como este por parte de cualquier tuitero, intentemos buscar el vídeo para corroborar dicha tesis (jamás se estudia un gesto por separado, siempre en conjunto).

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