Uno de mis recuerdos de infancia más queridos es la imagen de mi hermano y yo escapándonos de la bulliciosa reunión familiar en Nochebuena para sentarnos delante de la tele y ver ‘Qué bello es vivir’. Da igual cuántas veces la haya visto, que siempre lloro cuando todo el pueblo de Bedford Falls se reúne en casa de George Bailey para ir entregándole dinero y que pueda salir del apuro en el que le ha metido el malvado Potter por el despiste del pobre tío Billy. 

Lo que me emociona de la película de Frank Capra es esa idea tan potente de que ninguna vida es insignificante. Que todos, de alguna manera, tocamos la de los demás y que ese es el mayor regalo. Tan preocupados como parecen algunos en pasar a la posteridad con sus aires de grandeza, como si todos fuéramos a ser Bach, o Mozart, o Da Vinci, o Aristóteles, o Gaudí, o García Márquez. No, la historia no hablará de la mayoría de nosotros, pero son esas pequeñas cosas, esas vidas que transcurren rectas, sencillas, apasionadas y leales, las que tocarán para siempre las de los demás.

Esta semana me he vuelto a acordar de la lección por dos acontecimientos. El primero fue una carta que leí en el diario Ara el pasado domingo. El segundo la muerte ayer de Juan Carrión, el profesor de inglés que se fue a Almería a ver  John Lennon,  a los 93 años. 

En la carta del Ara Hanan el Yazidi Tadmori escribía que se había visto en una fotografía del diario el día anterior, en la manifestación por el atentado de Barcelona abrazando a una mujer, María Major, y quería contar su historia, lo importante que había sido María en su vida. En resumen, Hanan el Yazidi Tadmori explicó que llegó de su Marruecos natal a Mataró con 14 años sin saber una palabra de español ni catalán. Gracias al empeño de su madre, que se negó a que su hija esperara simplemente a un hombre para casarse y tener hijos, la apuntó a las ‘aulas de acogida’ por la mañana donde la introducían al idioma y por la tarde a la escuela. María la ayudó, la azuzó para que no se viniera abajo “dándome apoyo tanto educativo como emocional” y añadía: “Gracias a ella soy todo lo que soy hoy. Creyó en mi potencial, vio algo en mí que ni yo misma veía”.

Con igual cariño recuerda a Ramón Salicrú, que en la escuela se encargaba de ayudarla con los deberes fuera del horario de clases y se esforzó en integrarla con sus compañeros. Hanan el Yazidi Tadmorim no sólo logró sacarse la ESO con notable, sino también la carrera universitaria de empresariales, un máster en relaciones internacionales económicas, aprendió cinco idiomas y llegó a trabajar en una empresa multinacional como Dow Jones, donde está ahora mismo y preside la Asociación Intercultural Ibn Rochdi, en la que trabajan con jóvenes que están en la misma situación que ella estuvo. Sin María y sin Ramón, no lo habría logrado.

Cuando me desperté ayer y leí los titulares de la prensa me dio un pinchazo al corazón cuando vi que Juan Carrión había muerto en Cartagena. Su historia se hizo popular gracias al cineasta y escritor David Trueba, que dirigió una película ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ que ganó seis premios Goya y que sin ser autobiográfica, sí que contaba la historia de ese profesor, ese pionero, que en los años 60 enseñaba inglés a sus alumnos con canciones de The Beatles y que en 1966, al enterarse que John Lennon estaba en Almería rodando una película no dudó en irse hasta allí para conocerle y poder así decirle lo importante que era su música, pero también sus letras y recomendarle que deberían imprimirlas para que todo el mundo pudiera deleitarse con ellas. Tras ese encuentro, The Beatles tomaron la decisión de publicar por primera vez en la historia las letras de un álbum en el estuche del disco Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.

David Trueba recordaba ayer en el programa ‘La Ventana’ que el lunes pasado había estado en el hospital de Cartagena donde estaba Carrión para despedirse de él y rememoró que la primera vez que se encontraron, Carrión le dijo: “¿Pero cómo alguien tan importante como usted se interesa en alguien tan poco importante como yo?

Las pequeñas cosas, los poco importantes, los que simplemente creen con pasión en lo que hacen, los maestros que tocan la vida de tantos alumnos para siempre. La historia puede que nunca hable de ellos, pero nosotros sí y su legado permanecerá para siempre. No se puede pedir más en la vida. 

  • Comparteix