El que no conoce el significado de las palabras no sabe nada. Busquen feminismo en la RAE.

1. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.
2. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Entre la “doctrina social favorable a la mujer” y el movimiento que exige para las mujeres “iguales derechos que para los hombres” me quedo con la segunda, prefiero la segunda, me gusta más la segunda. Yo no quiero ser más que un hombre, ni que me favorezcan por ser mujer, ni ser igual que un hombre tampoco porque no lo soy y disfruto enormemente con las diferencias. Y me pasa exactamente lo mismo con las mujeres. No soy igual a otra de mi mismo género. No lo digo en plan soberbia, solo lo constato de manera elemental. Lo que quiero, espero, deseo y confío es que se me considere igual que a un hombre, tener los mismos derechos sociales, políticos y económicos. Actualmente ningún país en el mundo, ninguno, puede decir que cumple con la igualdad de género.

Esta semana ha habido un gran revuelo porque en el nuevo Gobierno de Syriza en Grecia no figuraba ninguna ministra entre las diez carteras. Tanto en la derecha como en la izquierda en España se apresuraron los políticos en plena campaña a salir y buscar corriendo un micrófono en el que expresar su disconformidad. También hubo críticas en las editoriales de algunos medios de comunicación. Jó. Gracias. Claro que sí. Porque aquí, en España, la igualdad está a la orden del día, ya lo tenemos superado. Las mujeres cobran igual que los hombres y acceden a los puestos de mando igual que ellos. Ahí están los grandes grupos de comunicación también, con un pleno de mujeres en sus altos cargos, consejos de administración y puestos de responsabilidad en las redacciones. Lo mismo sucede en las grandes corporaciones. Que conste que yo no quiero ni ser presidenta de la escalera de vecinos. Yo no quiero dirigir. Esa es mi elección. 

No estoy a favor de la paridad. La condescendencia también es machismo. Colocar a dedo a una mujer por el simple hecho de serlo es machismo. ¿La igualdad no debería ser que nos dé igual si es hombre o mujer quien mande? ¿No es lo ideal, lo más justo, que sean las capacidades y la preparación (añado la honestidad) las prioridades para llegar a un cargo más allá del género? Debería serlo. Y si así fuera, en una sociedad justa, ninguna mujer encontraría trabas para acceder a puestos de mando. 

Por supuesto que no es normal que no haya ni una sola mujer en alguna de las diez carteras del nuevo gobierno griego. Claro que debería haberlas. Evidentemente hay un problema. Bienvenidos a los que se dan cuenta ahora y un fuerte aplauso para los que intentan usarlo para su propio beneficio: Convencer al electorado femenino para que les voten a ellos porque ellos, ELLOS, sí que colocarán a mujeres si ganan. La pregunta es: ¿Lo harán porque esas mujeres están capacitadas para el puesto o porque les quedan bien en la foto? ¿Si una mujer no es la mejor para el cargo que ocupa por qué debería sentir que, solo por ser mujer, se lo ha ganado y estoy obligada entonces a apoyarla sin fisuras? ¿Qué es esto? ¿Un equipo de fútbol? ¿Viva mi equipo manque pierda? ¿Aunque sea una inútil? Que no cuenten conmigo en esos términos (mi parte ‘femenina’ intuye que igual ya no contaban de antemano). Ni con mis amigas tampoco, por cierto. Que se lo he preguntado.

El mismo martes que Syriza dio a conocer a sus ministros, la secretaría de Estado de Servicios sociales e Igualdad presentó un informe demoledor: Uno de cada tres jóvenes españoles considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias controlar los horarios de la pareja, impedir que vea a su familia o amistades, no permitir que trabaje o estudie o decirle cosas que puede o no puede hacer. La encuesta fue realizada a jóvenes con edades comprendidas entre 15 y 29 años. Es decir, que el 33% ve “normales” actitudes propias de la violencia machista. El Gobierno admitió que la última campaña “Hay salida”, dirigida a los adolescentes, provocó un 40% más de llamadas al 016. No habían identificado, no se habían dado cuenta de que esos comportamientos son peligrosos hasta que vieron el anuncio. Hagan números: Esos jóvenes son nacidos y criados en democracia. Han tenido acceso a un programa educativo progresista cuyo fin, como la propia palabra indica, es la de “fomentar ideas políticas y sociales enfocadas a la mejora y adelanto de la sociedad”. Qué descalabro, en fin. 

Curiosamente, no vi a ningún político, ni de derechas ni de izquierdas, llevarse las manos a la cabeza ni ese día ni al siguiente. Estaban muy ocupados escandalizándose con la falta de ministras en Grecia, al parecer. 

En ningún país del mundo las mujeres son consideradas y tratadas iguales que los hombres. En ninguno. Ya lo había escrito antes, ¿verdad? Pues no no me parece suficiente, ni aunque lo escribiera un millón de veces. Así que, ¿es tan extraordinario que en Grecia no haya una mujer en un Ministerio? No. Es solo que no han disimulado.

¿La definición de la palabra disimular?: 

1.  Encubrir con astucia la intención. 
2. Desentenderse del conocimiento de algo. 
3. Ocultar, encubrir algo que se siente y padece. 
4. Tolerar, disculpar un desorden, afectando ignorarlo o no dándole importancia. 
5. Disfrazar u ocultar algo, para que parezca distinto de lo que es.

El pasado mes de septiembre la actriz Emma Watson dio un discurso en la ONU sobre la igualdad de género. Es difícil explicarlo mejor. Al final citaba al estadista inglés Edmund Burke: “Todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal triunfen es que la gente buena no haga nada”. Y dio cifras: 100 años para que a las mujeres se les pague igual que a los hombres por el mismo trabajo. En los próximos 16, 15 millones y medio de niñas serán obligadas a contraer matrimonio. ¿No lo vieron? Tomen asiento. Tomen posiciones. No vale ser tibio. Y, sobre todo,  dejen de disimular: 

 

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