Nunca ha dejado de sorprenderme la capacidad de mucha gente para seguir actuando como si nada pasara cuando la realidad a su alrededor les grita justo lo contrario. Donde más me ha sucedido esto es en estadios de fútbol. Rodeada de miles de personas, escuchas de repente a un grupo cantar alguna barbaridad y el resto sigue como si nada. Comen pipas, miran el campo atentamente, hablan con el de al lado. Nada. Como si no hubieran escuchado nada de nada.

La última vez que me pasó fue hace casi un año durante un partido y desde un fondo se empezó a corear: “Es una puta, Shakira es una puta”. Miré a mi alrededor escandalizada y volví a descubrir la reacción habitual: Nada. Como si el cántico estuviera en mi cabeza y no resonara imponente por todo el estadio. Alto y claro.

El pasado 8 de febrero, durante un Betis-Ponferradina, los aficionados radicales del equipo andaluz que se colocan en el fondo sur comenzaron a cantar: “Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”. Se ha sabido ahora, dos semanas después, porque alguien que no se hizo el sordo grabó el momento y lo colgó en Youtube. 

Rubén Castro es el máximo goleador de la historia del Betis y ha sido procesado por la juez de Violencia sobre la mujer número 3 de Sevilla por cuatro delitos de malos tratos a su ex novia y uno más de amenazas. El pasado mes de diciembre, la juez consideró acreditado que el jugador había agredido a su ex pareja hasta en cuatro ocasiones, lo que quedó demostrado por los partes de lesiones aportados y testimonios de amigas de la víctima. La justicia sigue su curso mientras la Fiscalía, el pasado jueves 19 de febrero, solicitó confirmar el auto de procesamiento abreviado dictado por la juez y pide dos años de prisión. 

Dos semanas. Hemos tardado en enterarnos dos semanas de que todo un fondo de un estadio (miren el vídeo, no eran cuatro, ni cinco) coreó: “Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”. Dejando aparte la mierda que deben tener en el cerebro los que lo cantaron, ¿qué hizo el resto? El Betis como club, los demás aficionados, los medios de comunicación que allí estaban. ¿Cómo es posible que nos hayamos enterado dos semanas después? ¿Acaso hemos normalizado tanto las animaladas que se dicen en un campo de fútbol como para dejarlas pasar así sin más? ¿Como si no pasara nada? ¿Como quien oye llover? Bah... ¿Cosas que pasan?

Desde el asesinato de un seguidor del Deportivo en los aledaños del Vicente Calderón, la LFP se puso seria e inició una campaña contra la violencia. Hay informadores en todos los estadios y cada semana los informes en cuestión se han convertido en una broma recurrente en las redes sociales, amén de las críticas. Por ejemplo, se denunció ante Antiviolencia los cánticos de “Cristiano es un borracho” durante el Barça-Levante y los aficionados que se colocan en la zona del Camp Nou de donde provinieron los gritos, protestaron el sábado sin animar hasta el minuto 12, cuando pidieron la dimisión de Tebas, el presidente de la LFP. 

En el encuentro Betis-Ponferradina, el informador de la LFP reportó cánticos contra el Sevilla, pero no los que se escuchan en el vídeo y que hacen apología de la violencia machista, que por cierto es delito. Es curioso que la reacción general haya sido preguntarse qué hará la Liga de Fútbol Profesional al respecto (que ya ha dejado claro que va a investigar) y no cuestionarse qué ha hecho el Betis y los que estaban presentes en el Benito Villamarín mientras se jaleaba al jugador por maltratar a su ex novia. Al parecer, somos una sociedad tan madura que seguimos necesitando que venga la figura paternal que imponga orden y nos castigue, porque continuamos siendo incapaces de actuar por nosotros mismos cuando lo que sucede a nuestro alrededor está mal. Sin peros: Mal. Pero no, ahí seguimos, comiendo pipas, mirando el partido y comentando la última jugada con el de al lado. Y luego ¡Ah! A echar las culpas al tendido y clamar muy fuerte y con gran indignación para saber qué va a hacer la LFP. 

¿Dónde está la responsabilidad individual? ¿Cuándo dejaremos de actuar como si no fuera con nosotros? ¿Cuándo todos los clubes dejarán de amparar, acoger, esconder y ayudar a grupos de radicales? ¿Cuándo la reacción mayoritaria, en lugar del silencio, será que el resto del estadio abronque a los que escupen sapos y culebras por la boca, auténticas salvajadas durante un partido, en lugar de esperar a que venga papá y les castigue contra la pared? ¿Cuándo coño vamos a dejar de hacernos los sordos?

 

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